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Crónica de un mercader
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15 de agosto Me ha despertado el silençio, el silençio de mil tambores que han callado de colpe. Nos miramos inquietos, mientras los caballeros dan órdenes con gestos, casi sin fablar, como si nadie quisiera que se oyeran sus palabras. Hemos dexado el castiello et nos situamos en lo alto de la ladera. Frente a mí, veo con desasosiego una inmensa muralla, formada por lanças, caballos et figuras negras, que se extiende del este al sur. Tan sólo en el centro se distinguen unas figuras a pié et con distintos ropajes, que parescen invitarnos al ataque, como si de carnaça se tratara. Un murmullo se eleva entre nuestras tropas ¡Es el Rey! ¡El Rey en persona que, montado en un enorme caballo negro, cavalga ante sus omes et les fabla a grandes voçes. Los caballeros se remueven en sus monturas, enardecidos, et hasta yo mesmo siento ganas de lançarme ya a la lussa et terminar con aquesta situación. Iba alçar la maça de madera que llevo como arma cuando he oío a mi lado unos gemidos: Un chico de apenas treçe annos se me ha abraçado et llorando me diçe: "Non volo morire, non volo morire..." Ur ben Ximeón |
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Crónica de un mercader
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14 de agosto Apenas había conçiliado el suenno cuando un sonido que paresce venir de ultratumba me despertó anoche. Son los tambores almorávides. Su sonido ha calado en nuestras cabeças et retumba en nuestros oídos. No han cesado de tocar en todo el día et ya por la tarde mis companneros han alcançado tal nerviosismo que han començado a colpearse entre sí. Presto, un soldado enorme, con la cabeça afeitada et pocas luçes, nos han colocado a empujones contra la muralla, junto a la poterna et un caballero ha fablado de tal modo que me ha sorprendido, pues parescía casi afectuoso: "Por la mannana prieta rescibiréis un arma cada uno. Con ella podréis defender vuestra vida et la de vuestras familias. Descansad agora et non os firáis entre vosotros". Un juglar de pelo largo et rojisso ha corrido hacia él: "Sennor, sennor, yo non soy ome de guerras..." La mirada fría de Diego Rodríguez le ha dexado paraliçado et ha vuelto a sentarse a mi diestra. Ur ben Ximeón |
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Refugiado en el castiello |
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Crónica de un mercader
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13 de agosto  El sol de agosto es implacable. Sin agua nin comida, he deçidido acercarme al castiello, pues no veo otra alternativa. A colpes et empellones me han ençerrado es un oscura mazmorra. Cuando estaba ya a punto de rendirme al suenno, he oído unas voces que parescen salir del muro ¡Claro! ¡los canales que conduçen el agua de las terraças a los aljibes! Por ellos viaja también la voz. La situación debe ser muy grave, pues fablan a gritos, et se oyen palabras como "se burló de vos en Aledo" "Rey de Valençia" "perescen en las batallas". Una voz autoritaria ha impuesto silençio, al tiempo que se ha abierto la puerta de mi çelda et un soldado me ha arrastrado hasta un establo en el que otros cuarenta o cincuenta desarrapados como yo tratan de resguardarse del sol. "Aquí tenéis otro valiente caballero" ha dicho entre carcajadas, al tiempo que me arrojaba entre ellos como si fuera un fardo. Ur ben Ximeón |
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Crónica de un mercader
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12 de agosto Anoche vin o a verme Leví, mi antiguo compannero de viaje. Él et sus tres fillos habían deçidido abandonar Conssogra et fugir haçia Toledo. Su plan consistía en subir al cerro, dexar el castiello at siniestra, ir a guarecerse al bosquecillo que llaman Estanques Romanos et permaneçer allí escondidos hasta ver en qué concluye aquesta situación. Descendíamos ya a la luz de la luna por el cerrillo siguiente al de la fortaleça cuando vi en el çielo cómo unas estrellas se movían de un lado a otro. "Mal presagio" pensé, et de pronto, unas sombras negras calleron sobre nosotros. El brillo de las espadas et los gritos atenaçaron mis músculos et caí rodando por un terraplén. He despertado en un pedregal. Mi caida de anoche por el desnivel me libró de la patrulla almorávide, pero ¿qué habrá sido de los demás? Al levantar la vista, un impresionante espactáculo ha apareçido ante mis oxos:miles de jaimas se extienden desde los Estanques Romanos haçia Conssogra. La almofalla ha cresçido tanto que el campo paresce vestido de negro. Ur ben Ximeón |
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